El amor como relación social
La relación amorosa es una de las posibles relaciones sociales, existen otras como: la familia, los amigos, los grupos laborales, etc. La idea de relación ya define por sí misma que es algo que sucederá entre al menos dos personas. Hay que distinguir bien la concepción relacional de la concepción individual y subjetiva del amor (aunque estén estrechamente vinculados), que condicionará junto a otros factores (posición socioeconómica, gustos, hobbies, cultura, lugar de nacimiento) las posibles relaciones que tengan cada una de las personas. Es importante señalar que el interés no está puesto en el amor desde un punto de vista romántico, sino como construcción social, que podrá variar de acuerdo a cada coyuntura histórica en su forma y en su duración.
Son varios los registros en los que podemos encontrar datos acerca de la relaciones amorosas de las personas. Una de las fuentes más importantes para recolectar información va a ser el derecho. El derecho constituye el lugar por excelencia en el que encontraremos fundamentalmente los roles atribuidos a hombres y mujeres en la sociedad en cada momento histórico y las limitaciones y condiciones de las relaciones.
El objeto de estas clases es revisar determinados casos históricos para detectar las posibilidades de las uniones amorosas, su forma y su condicionamiento por otros factores sociohistóricos, con el fin de compararlas con las actuales relaciones amorosas y verificar si estás están condicionadas efectivamente por las TIC como aseguran los teóricos contemporáneos.
El primer caso a revisarse es el de Mariquita Sánchez de Thompson. Una mujer con una concepción de las relaciones y una actitud frente a la vida y las relaciones sociales digna de admirar, y por supuesto, extraordinaria por la época en que ella vivió y las características sociales imperantes respecto a los roles de hombres y mujeres de ese momento.
El segundo caso, la relación de Norberto e Inés, un amor entre miembros de la clase trabajadora, cuya comunicación por el tipo de trabajo que tiene el varón se va a realizar a través de las cartas, que revelará, pese a su labor y sus prácticas militantes, el sostenimiento continuado, perdurable y apasionado de la relación amorosa más allá de todas las dificultades.
En tercer lugar, vamos a revisar relaciones en la actual coyuntura histórica. Para realizar ello tendremos en cuenta por una parte, algunas características que median fuertemente las relaciones en la actualidad, como lo son las redes sociales y las TIC en general. Por otra parte, es necesario que definamos al amor como relación en sus diferentes dimensiones.
El Amor, desde el punto de vista social puede definirse como una relación social (es decir, que en nuestra definición participan al menos dos personas) y la manifestación de emociones y sentimientos ligados a él. A su vez esta relación estará condicionada por la interacción misma (deseos, cultura e imaginarios de los partícipes de la relación) y por las características del contexto social, jurídico y normativo en que se desarrollará la relación.
De todas las formas posibles de interacción, el que observaremos en particular es aquel (que se designa como amor erótico, en el cual la sexualidad juega un rol primario) en que las conductas individuales buscan crear las condiciones para una proximidad física y psicológica. Desde el punto de vista temporal este tipo de interacción puede ser duradera o efímera.
De acuerdo al teórico social Niklas Luhmann el amor, como toda relación social, facilita la posibilidad de la comunicación, que es la operación mínima y necesaria para que existan y se reproduzcan las relaciones sociales, sin comunicación no habría sociedad. Las características de las sociedades actuales en las que cada aspecto de la vida se encuentra organizado y hay personas que se encargan específicamente de que funcionen cada una de las instituciones encargadas de cada uno de esos aspectos (salud, educación, ciencia, relaciones exteriores, comercio, etc.), están acompañadas por el refinamiento de este medio de comunicación (la relación amorosa) que, a su vez, acompaña y fomenta el proceso de individualización que caracteriza a la modernidad. En este contexto, la relación amorosa se define progresivamente como el marco privilegiado dentro del cual el individuo puede esperar dar un sentido a su existencia vía la interacción íntima con un otro que está en el origen del reconocimiento buscado. En este punto crucial entran las redes y el temor a la soledad y la solución inestable, diluida que la relación virtual nos brinda.
Todos los autores de las ciencias sociales son consistentes en señalar la diferenciación del amor erótico del sexual en el actual momento histórico. Mientras que el primero constituye cada vez más por excelencia el lugar de experiencia en la que el individuo se siente un ser íntegro reconocido como sujeto, y que constituye la fuente de sentido para la existencia individual, proceso rico en consecuencias para las instituciones tradicionales. Cambia en paralelo el rol de la sexualidad, transformándose su función específica de reproducción biológica en una experiencia que excede lo reproductivo y que no se condiciona a este aspecto, aunque este tema no será estudiado en este momento.
Para poder aprehender y comprender las características de las relaciones amorosas, en un determinando momento y en una determinada sociedad, tendremos en cuenta de la experiencia de las personas implicadas en este tipo de relaciones las siguientes dimensiones y características que comprende el amor:
1. Expectativas interiorizadas individualmente relativas al amor como sentimiento. Esto es qué sentimos y cómo deberíamos sentirnos cuando estamos enamorados. En este punto no se tienen en cuenta las impresiones físicas, sino lo que cada persona cree que debe sentir y lo que efectivamente siente cuando está enamorado: alegría, ansiedad, necesidad de ver al otro, temor de ser rechazado, etc.
2. Expectativas relativas a la "promesa de felicidad" con la cual está identificado el hecho del amor en la época contemporánea. En función de la época y la sociedad, la cultura y la identidad de género, el amor esta ligado a formas de sufrimiento, placeres, sacrificios, cuidado del otro, etc. Una relación de amor está formada por expectativas respecto a la porción de sufrimiento o de placer a la que cada una de las personas implicadas siente que tiene derecho, así como la manera en que uno justifica, afirma o compensa este reparto que puede ser desigual.
3. Un repertorio personal, pero parcialmente compartido, de gestos, palabras, acciones u omisiones que expresan el amor o la ausencia de amor.
4. Un conjunto de expectativas y criterios parcialmente compartidos que se aplican a la percepción, evaluación e interpretación de las expresiones del otro como expresiones de amor o ausencia del mismo. No pueden ser privados si el objetivo es permanecer en una interacción de amor. Se refiere a qué acciones u omisiones en las acciones de una persona de mi interés son consideradas expresiones de amor o rechazo y que esas acciones tienen que ser compartidas para que podamos entender esa aceptación o no.
5. Cierta relación individual con el cuerpo sexuado, propio y del otro. El cuerpo expresivo en amor es un cuerpo forzosamente erótico pero también un cuerpo de ternura y sosiego. Aquí estamos pensando en el cuerpo como cuerpo de deseo y la relación que nosotros tenemos con nuestro propio cuerpo de deseo (lo veo bello, atractivo) y con el del ser amado (me gusta estar cerca o prefiero la distancia porque no reconozco mi sentir y mi reacción).
6. El amor comprende también ideales normativos relativos a lo que el compromiso amoroso hacia otro supone para las personas implicadas, según el contexto y de acuerdo a la interacción/relación de que se trate, llegado el caso. Nos instruyen acerca de qué estaremos obligados, a qué estará obligado el otro, a qué tendremos derecho, etc. Estos ideales normativos suscitan negaciones álgidas en las relaciones antes de volverse comunes, también definen los límites entre la relación de amor y el "resto del mundo". Ellos regulan la permeabilidad de la intimidad amorosa en relación a todas las otras esferas de experiencia y actividad. En este punto se refiere a las normas que manejamos dentro de la pareja: cuánto dejamos inmiscuir a amigos y parientes en nuestra relación amorosa, dónde ponemos los límites, qué aspectos de la relación nos permitimos compartir y cuáles no.
Esta clasificación selectiva del mundo que se hace por medio de las ideas respecto al amor, un tipo de relación social que siempre tiene una autonomía mayor que el resto de las relaciones sociales (está menos permeada por las características coyunturales sociohistóricas) implica que los criterios morales, económicos, éticos, prácticos, la racionalidad práctica y el sentido común pueden resultar desactivados, debilitados o a veces reforzados en la experiencia amorosa según los casos. Las características de la relación amorosa pueden compensar desigualdades profundas, incluso desigualdades que serían inaceptables en otras esferas, como puede también exacerbarlas.
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